• Miguel Ordaz

Tolvanera lagunera

La lluvia de tierra llegó en cuestión de segundos, callada, de la nada, envolviéndonos como una colcha de viento y polvo.


En medio de esa nube de tierra y entrecerrando los ojos, el aire caliente nos acariciaba el rostro. Los sonidos de la ciudad se desvanecían entre el petricor, el polvo en los pulmones y el silbido del viento que alborotaba las telas, las cabelleras y las hojas caídas.


Ante mí, la cara anaranjada de la tolvanera lagunera me sonreía con ironía mientras barría la ciudad de los grandes esfuerzos, la ciudad que amo, la ciudad que, decimos, había vencido al desierto.


Torreón en 100 palabras.


--Miguel Ordaz

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